jueves, 4 de febrero de 2010

FIN de AñO y VEinTe-DiEZ



Nota de cierre y apertura de mí paso por Play. Como dice el I Ching, libro milenario de la cultura china, oráculo y compañero de senda: Entonces redondo, el ciclo cumplirá. Es tiempo de dar vuelta la página. Cambio de época: otras reglas de juego, otros poderes, otro tiempo. Esta muy claro, termina un año, empieza otro.

Diciembre se escurrió como agua entre los dedos, con despedidas y brindis a las siete de la tarde, momento raro para el mareo de las burbujas; actos escolares llenos de niños corriendo, madres emocionadas, padres encargados del registro digital, hermanos llorando, otros peleando, abuelos y tíos vestidos para la ocasión; brindis con los vecinos de la cuadra y el último comentario del barrio; cenas con amigos donde no faltó la promesa que afirma: “el año próximo vamos a juntarnos más seguido che” y otro brindis por lo bien que lo pasamos cada vez; reflexiones existenciales sobre el amor que no fue, el que ya fue o el que será; calles, vidrieras y casas adornadas para la ocasión, mucho estilo dorado y rojo y verde y luces y pinitos y guirnaldas y varios papa noel de todos los tamaños, formas y estilos. Que bronca le tengo a papa noel, cómo pude creer en él?. Que buzón nos vendieron, por dios! O gracias a Dios?. Que relación hay entre papa noel y dios?. Fue una de las primeras confirmaciones donde entendí que los grandes mienten, y mucho, y cómo, y mal. En mi niñez, antes del 24 a las 24hs, sabía perfectamente dónde se guardaban todos los regalos que “Papa Noel traería” en su trineo desde Alaska o no se dónde… en fin.
Las últimas noches de diciembre se llenaron de estudiantes universitarios que tanto extrañan el pueblo como nosotros ir cada tanto al cine, una expo en el centro cultural borges o un boliche a bailar sin parar hasta las 6am, desayuno mediante.
También llegaron los más grandes, ya recibidos o no, pero que laburan en otro rincón del mundo y que se reservan un lugarcito en el cuore para venir a levantar la copa al sur, ver las montañas e inhalar una bocanada de aire puro.
Tampoco faltaron las corridas de último momento, “-me faltan anchoas para el vitel toné”, quien compra el helado?, en familia o con amigos?, asado o mesa fría?, etc.
Los infaltables: la rusa, el lechón y si va frío, con sus respectivos ajíes, mucha mayonesa por todos lados, mucha, insisto. Olor a palmitos, morrón y huevo duro para decorar todo plato que se cruce en su camino. Los auténticos adminículos navideños de las tías, que van desde garrapiñadas, maní con chocolate, almendras, turrones, budines con pasas y más pasas y nueces y más pasas aun. Los imperdonables?, las frutas abrillantadas y las peladillas; unas por horribles y otras por duras y quiebra muelas.
Dicen por ahí que a fin de año se hace un balance, cual contador en su contaduría. A una amiga no le gustan y dice que no los hace nunca, otros escriben, otros meditan. A otros, balanceando se les pianta un lagrimon. Otros lo consultan con la almohada o un amigo a mano que se cruzó en el bar a última hora y necesita el aguante, la oreja o famosa segunda. Quién no hizo la segunda alguna vez?. Por un amigo, todo.
En mi vicio de consultar el diccionario encontré que balance significa “movimiento que hace un cuerpo, inclinándose ya a un lado, ya a otro; poner en equilibrio”. En ese tribunal interno que tiene cada uno, se ponen en la mesa, cual mesa navideña, los coloridos logros y arduos aprendizajes, las nuevas y estimulantes comprensiones, los grandes y culpógenos errores, los desencuentros y encuentros, el bajón y el subidón. Como dicen las viejas, “todo en su justa medida, eso si”, pero cual será esa justa medida, me pregunto yo.
El último día del año llegó y se palpita el brindis como en una final de fútbol. Odio las analogías futbolísticas y aquí me leen, haciéndolas…en fin, una vez más.
Se acerca el brindis en una cuenta regresiva de final y empate y empiezan las promesas. “El año que viene… bla bla bla”, siempre es algo que no sucedió en el año que se va y se desea profundamente que se haga realidad; incluso como por arte de magia. “Que el 2010 nos traiga salud y trabajo” dicen en Crónica tv; “que me case con fulanito”, “que me compre la casa, el auto y el perro” (como signo de status de familia tipo, tipo que digo yo?), “que se achate mi panza y suba la cola”; “Esta vez si viejo, este año se nos da”. ¿Qué se nos da?.
Aquello que se dice minutos previos al fin de año en un punto suena a promesa.
Una promesa es un pacto con uno mismo que asegura con certeza cierto triunfo en alguna cosa. Bien sabemos que las cosas no suceden con solo decirlas. Hay una voluntad, en el caso ideal una voluntad individual, en intentar llevar a cabo los deseos.
O no.
¿Qué se festeja el año nuevo? Es una pregunta que hizo mi primo en navidad y yo no supe responder. Hoy diría que el cambio de almanaque o el inicio de las vacaciones y la temporada de teatro de revista en Mardel, o se festeja que paso el tiempo y uno está más canoso pero más feliz.
Personalmente, este año levanté mi copa con una sensación de gratitud muy grande. Por todo lo que aprendí de mis certeros aciertos y garrafales errores, por las personas que me demostraron cuanto me quieren y las que no, por las personas a las que quiero y elijo yo, por la vida y como dice Adrián, Lehaim!. Agradecer la vida es honrarla y estar vivo para vivirla, agarrarla con las dos manos y los brazos y todo el cuerpo, no dejarla ir, cuidarla, venerarla, vivirla todos los días, cada minuto. Aunque a veces se nos borre de un plumazo esa idea. Después de algunas lagrimas, vienen otra vez las ganas.
Que hora es? Dice un ansioso. 23:54hs, responde otro más. Y llega el conteo y nos subimos a la silla para empezar el año con el pie derecho, eso sí. Todo el tiempo con una necesidad férrea del ritual que nos asegura algo que no sabemos qué, pero seguro es bueno, o no tan malo como no hacerlo.
Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno! UHHhhhhhhhhhh, Felisa me muero. Un año se fue, otro llego, besos, abrazos, lágrimas, angustia colectiva por la incertidumbre de no saber que pasará y la certeza de saber que no pasará nada. Un día más, un jueves con más rimel, delineador y vestido. Incluso contra los presagios de lluvia inminentes.
Los tres deseos de las doce? mucho amor, mucho sexo y mucha música.
Porque el amor lo es todo, porque el sexo es mucho y porque la música te salva la vida, sabias palabras de otra gran amiga. “Cuando venga el bajón o el subidón, música, música, música”. Quisiera cerrar estas ideas con un pedazo de canción de Joaquín Sabina, poeta y hombre o viceversa, que muchas veces canto y varias veces transcribí para regalar, como deseo y augurio para el bien de alguien querido.
Levanto mi copa y para ustedes canto: “…que las verdades no tengan complejos. Que las mentiras parezcan mentiras. Que no te den la razón los espejos. Que te aproveche mirar lo que miras. Que no se ocupe de ti el desamparo. Que cada cena sea tu última cena. Que ser valiente no salga tan caro. Que ser cobarde no valga la pena. Que no te compren por menos de nada. Que no te vendan amor sin espinas. Que no te duerman con cuentos de hadas. Que no te cierren el bar de la esquina…Que todas las noches sean noches de bodas. Que todas las lunas, sean lunas de miel”.
Salú

La que Revuelve El Caldero - Nota Publicada en la Revista PLAY - Enero 2010